Dónde estará mi gato

Virginia Cortés Moncó

Herminia recorre inquieta el edificio por quinta vez, pero nada: Bertín sigue sin aparecer.

 

No es la primera vez que sucede desde luego, pero si es la más larga.

 

Hace ya bastantes días que no lo ve y empieza a estar muy preocupada.

 

Antes si, antes desaparecía continuamente, sobre todo en la época de celo. Entonces sí que se escapaba, y volvía al cabo de un tiempo hecho unos zorros a que Herminia le curase las heridas.  Pero ahora es distinto. Está segura de que le ha pasado algo porque, desde que le castró, no había vuelto a fugarse.

 

Cansada de tanta búsqueda, Herminia decide irse a su habitación a descansar un rato.

 

Pasa por el salón y allí están todos viendo la tele, tan tranquilos.

 

- Vaya pachorra que tienen, qué poco les importan los problemas ajenos -dice en voz baja, como para ella, como para que no parezca que les acusa de no echarle una mano, pero unos decibelios más alto de su tono normal para que se enteren bien.

 

Entra en el dormitorio y allí, en la butaca, enroscadita tan cómoda, está la boa constrictor. Esta, al ver entrar a Herminia, da un respingo que casi le hace caer del asiento.

 

- ¡Hija de puta! Entonces… tú eres la que te has comido a Bertín – le acusa Herminia.

 

- Yoooo??? – le contesta la boa con cara de consternación.

 

- Si, tú, que así te estás poniendo de gorda, que un día revientas; si ya, en vez de una boa, pareces una anaconda.

 

- Tú estás cada día peor, Herminia; deberías hacértelo mirar y no andar por ahí acusando a la gente sin pruebas –le contesta la boa con su bífida lengua, haciendo unos ruidos sibilantes que le recuerdan a los de la serpiente Kha, la del libro de la selva.

 

- Pruebas dices… Pues tú me dirás qué es ese bulto en forma de gato que tienes ahí en la barriga.

 

- No te niego que hace unos días me comí uno que rondaba por aquí, pero te aseguro que no era Bertín. Además, Herminia, ahora te lo digo muy en serio: es menester que te cuides, porque Bertín fue el único gato que has tenido, pero eso fue cuando eras muy pequeña. Recuerda que tus padres se tuvieron que deshacer de él porque eras alérgica al pelo.

 

- Qué canalla eres, las mentiras que te inventas para hacerme daño, para confundirme. Siempre ha sido así, pero ¿sabes qué te digo?, que esto se acaba aquí y ahora.

 

Herminia se levanta lo más rápido que le permiten sus piernas y se va directa a coger a la boa por el pescuezo, pero esta, mucho más rápida que ella, la ve venir y directamente se enrolla en su brazo y comienza a apretar y apretar.

 

Cuando Herminia siente que va a perder el brazo, oye cómo la boa la llama repetidas veces: 

 

- ¡Herminia, Herminia!...

 

Herminia abre los ojos y ve allí a la loca esa de la bata blanca, que todas las tardes pasa por su habitación a darle la murga y que le dice: 

 

- Herminia, siempre te pasa lo mismo cuando te tomo la tensión.

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