Aquel sueño delinea geometrías
José Jesús Rodríguez Velázquez

El sueño delinea geometrías que un día olvidarán y otros héroes con sus omnipotentes manos plasmarán en las pinturas del alma. ¿Cuándo fue firmada por los jefes de estado de las confederaciones de los millones aquella guerra en todos los tribunales de todos los tiempos? ¿Quién mato a los dioses de Sumeria, escribiendo las letras de oro grabadas en los ríos de sangre sin fin de las rojas murallas? ¿Quién se puso las máscaras de psicología infernal detrás de los telones de los avernos atómicos? Los silencios programados en los ordenadores alienígenas, nos cuentan en sus labios de aquellos sabios que habitaban en las rupestres cuevas de los iluminados, que las miles de historias que corren como un agua filtrando los lienzos de la melancolía, tienen un poder de vibraciones cósmicas en sus mares de palabras, en las que en sus ondas de dimensiones infinitas, recogen los brazos destructores de los terremotos en el cielo, en el que las naves alienígenas, lanzaron a morir desde el cielo a los pegados que lanzaban desde las escotillas de aquellas naves de las máscaras alienígenas. ¡OH! aquel sueño está escrito por el pincel de los tropeles de los laureles de los poetas muertos inmortales, delineando la sangre en las galaxias de los avernos atómicos, buscando en el centro del silencio más profundo la sonrisa de sus cielos escritos en las pinturas del alma. Las pinturas del alma, contienen los sagrados misterios de las columnas de los hierofantes en los dos muros de los arquitectos de la realidad, en la gramática profana de los símbolos de la muerte preprogramada de los inmortales cuánticos, porque están hechas con la sustancia de la quintaesencia de las bóvedas celestes que saco de las sombras para volverse luz, en los modelos de las geometrías de la inflación eterna que soplo en las burbujas de los hiperespacios de los círculos euclidianos aquel niño que sonríe ante aquel hombre amargado que porta el casco, la lanza y la espada de la guerra, que se ha consumido en el fuego de la fantasía, a la que quisiera volver, para volar un papalote sobre el aire limpio de los cielos azules de la ciencia del dolor. ¡OH! Visión mágica aun estás flotando en el aire, en la sonrisa de un niño que pintara en la corte imperial Velázquez, y nos dejara ver en el pincel los cielos azules del dolor, donde las naves de las máscaras alienígenas lanzaran a morir desde aquellos pegasos mártires del cielo.
