Rufino y las hojotas de oro
de Luis Eduardo Saravia Parione

Solía Rufino caminar de un pueblo a otro, siempre llevando los mandados de su madre ya que él era el hermano mayor de tres. Él hacia las labores de compras saliendo fuera de casa, con un padre ausente, pero ese abandono no lo desanimaba, siempre caminaba a donde su madre lo enviaba con el gran Zipari. ¿Quién era Zipari? Su perro fiel, ya que tenía otros, pero Zipari siempre lo seguía donde sea sin cansancio. Una tarde como cualquiera, la madre de Rufino le dio una lista de muchas cosas que tenía que traer de un pueblo con una distancia más o menos de tres horas a pie. Rufino se preparó para aquella caminata, cogió su morral de lana de alpaca y su guaraca. Era un experto a distancias largas. Andaba matando patillos silvestres y su infaltable amigo Zipari enrumbaron con la bendición de su madre camino al pueblo vecino. En su camino se distraía con muchas cosas: frutas en algunos árboles, algunas lagartijas y todo animal que cruce en su camino y casi cerca del riachuelo, Rufino necesitaba refrescarse. Se detuvo y se mojó toda la cabeza y al mirar dentro del riachuelo le llamó la atención algo que daba brillo al reflejo del sol. Metió la mano al fondo del riachuelo con la intención de saber qué era y grata fue su sorpresa al querer sacarlo y fue más aún el asombro en su rostro al ver un par de ojotas doradas, bellas, de un dorado perfecto. Deslumbrado al observar, Rufino no sabía qué hacer, pero algo le decía que debía ponérselos. Era algo raro, no podía evitarlo. Se los puso. Se sintió otro, se sentía más fuerte ágil y comenzó a caminar contemplando las ojotas. Sintió las ganas de correr y así lo hizo. Las ojotas le daban una velocidad que el jamás había experimentado. Se veía muy rápido, tanto así que Zipari no lo podía alcanzar, en cuestión de un corto tiempo llego al pueblo vecino sin cansancio y mucho asombro , su secreto quedara siempre consigo, porque jamás contara a nadie su gran poder , un secreto maravilloso sus ojotas doradas y su perro zipari fiel , siempre a su lado recorrerán a lo ancho y largo de las montañas y ya no será el mismo , niño de antes, será Rufino , el tenas veloz de los Andes
